Destino Australia: Por qué el "ladrillo" en Oceanía se convirtió en el refugio preferido de los inversores argentinos

Con rentabilidades de hasta el 7% y un sistema de crédito infalible, ciudades como Brisbane y Adelaide le ganan terreno a las tradicionales Sydney y Melbourne. Las claves para invertir en un mercado donde la estabilidad no es la excepción, sino la regla.

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Australia se posicionó en los últimos años como uno de los mercados inmobiliarios más sólidos y previsibles del mundo. La combinación de seguridad jurídica, reglas claras, crédito hipotecario activo y una demanda estructural sostenida por inmigración explica por qué cada vez más capital extranjero mira hacia ese país. En ese contexto, los inversores argentinos comenzaron a ganar protagonismo, en especial en ciudades como Sydney, Melbourne, Brisbane, Adelaide y Perth, donde el ladrillo volvió a funcionar como reserva de valor de largo plazo.

A diferencia de otros destinos tradicionales, el atractivo australiano no se apoya en oportunidades especulativas de corto plazo, sino en un sistema que privilegia la estabilidad. El mercado opera con marcos regulatorios estrictos, títulos de propiedad claros y un sistema financiero robusto, factores que reducen el riesgo y permiten planificar inversiones.

Una de las principales razones por las que Australia se percibe como un refugio de valor es su estructura institucional. El respeto por la propiedad privada, la baja incertidumbre jurídica y la ejecución contractual efectiva generan un entorno confiable tanto para compradores locales como para extranjeros. El sistema bancario cumple un rol central. La regulación prudencial, supervisada por la Autoridad Australiana de Regulación Prudencial (APRA), exige evaluaciones estrictas de capacidad de pago. Los bancos aplican buffers de seguridad sobre las tasas de interés y límites al endeudamiento, lo que evita burbujas crediticias y sostiene la salud del sistema.

Joaquín de Cristóbal, corredor inmobiliario y consultor en Real Estate internacional, sostuvo que “no es un mercado especulativo, sino previsible y estable, donde el crédito funciona como parte estructural del sistema y no como una excepción”.

Los valores inmobiliarios en Australia son elevados en comparación con otros mercados, aunque se encuentran respaldados por fundamentos sólidos. La variable clave no es el sistema constructivo, sino la ubicación, el tamaño del terreno y la cercanía a centros urbanos, costas y escuelas. En departamentos, los valores promedio convertidos a dólares estadounidenses rondan los us550.000 en Sydney, us390.000 en Melbourne, us470.000 en Brisbane, us420.000 en Adelaide y u$s370.000 en Perth.

El interés del capital global también se refleja en el segmento de ultralujo. En Sydney se concretaron ventas de propiedades frente al mar por más de 100 millones de dólares australianos en zonas como Point Piper y Vaucluse. Estas operaciones funcionan como termómetro de la confianza internacional en el mercado australiano, incluso en contextos globales de alta volatilidad.

Muchos inversores argentinos comenzaron a mirar ciudades con mejor relación precio-rentabilidad. Adelaide y Brisbane aparecen entre las preferidas. Adelaide, capital de South Australia, dejó de ser un mercado secundario para transformarse en uno de los de mayor crecimiento del país desde la pandemia. En algunas zonas, las propiedades registraron valorizaciones anuales cercanas al 15% o 17%. Brisbane, por su parte, ganó protagonismo por la migración interna y la cercanía de los Juegos Olímpicos de 2032.

El crédito hipotecario marca una de las diferencias centrales frente a la Argentina. En Australia predominan los préstamos a tasa variable y también tasas fijas por períodos de uno a cinco años. Las tasas actuales se mueven en torno al 5% o 6%, con criterios de otorgamiento prudentes. El sistema permite productos como cuentas offset, refinanciaciones y estructuras flexibles que aportan profundidad y liquidez al mercado.

Australia regula de forma estricta la compra de propiedades por parte de no residentes. En general, los extranjeros acceden a obra nueva o a proyectos específicos, previa aprobación del Foreign Investment Review Board (FIRB). El arquitecto Diego Morgan, que trabaja en Sydney, señaló que “los argentinos que compran lo hacen mayormente para renta, aunque deben considerar que el inversor extranjero solo puede acceder a viviendas nuevas”.

En ciudades como Adelaide y Brisbane, la rentabilidad por alquiler se ubica entre el 5% y el 7% anual. A eso se suma la posibilidad de participar en desarrollos de townhouses, con esquemas similares a la compra en pozo. Morgan también puso el acento en el mercado de alquileres, uno de los principales motores de la demanda. Señaló que los valores de renta marcaron máximos históricos, con subas interanuales superiores al 10% en muchos distritos y niveles de vacancia extremadamente bajos.

El comprador argentino paga principalmente el impuesto de sellos, que varía entre el 3,5% y el 5% según el estado. En el caso de extranjeros, se suma el costo de aprobación del FIRB, que puede oscilar entre us2.000 y us70.000 según el valor y tipo de propiedad.

Para el inversor argentino, acostumbrado a la volatilidad y a los cambios de reglas, el mercado australiano ofrece previsibilidad, protección del capital y oportunidades concretas tanto en renta como en desarrollo. Australia no promete retornos inmediatos ni apuestas de corto plazo. Ofrece algo más escaso: continuidad, profundidad y confianza.

Fuente: Ámbito 

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