El mercado inmobiliario ante un 2026 estratégico: las claves para la consolidación del sector

Tras un 2025 marcado por la reactivación de las operaciones, el sector inmobiliario proyecta un año definido por la expansión del crédito hipotecario, la estabilidad de los costos de construcción y el retorno de la vivienda como resguardo de valor.

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El mercado inmobiliario despidió 2025 con un balance sensiblemente más favorable que el de los años previos. Sin euforia, pero con señales claras de reactivación, el sector logró dejar atrás la parálisis de períodos anteriores. Las operaciones crecieron, la demanda volvió a aparecer y el crédito hipotecario reapareció como una variable central. Ahora, todas las miradas se concentran en 2026, un año que aparece como decisivo para determinar si la recuperación se transforma en un ciclo sostenido.

El dato más relevante del año fue la velocidad de respuesta del mercado frente a un escenario más previsible. Cuando aparecen reglas claras y financiamiento, la demanda reacciona rápido. En ese sentido, el crédito hipotecario volvió a ocupar un rol clave, especialmente en el segmento de unidades usadas de ticket medio, que todavía se encuentran por debajo de los valores máximos históricos y muestran margen para ajustar.

Durante 2025, el mercado del usado fue el gran protagonista. Con precios más competitivos, una oferta amplia y propietarios dispuestos a negociar, ese segmento concentró gran parte de las operaciones. A diferencia del inmueble a estrenar, condicionado por el fuerte aumento de los costos de construcción, el usado logró posicionarse como la opción más accesible para quienes volvieron a comprar con crédito.

Los valores cerraron el año con comportamientos dispares. Mientras los departamentos lograron cierta estabilidad luego de la suba registrada anteriormente, las casas quedaron rezagadas y, en muchos casos, cotizan por debajo de su costo de reposición. Esa brecha explica buena parte del dinamismo observado y anticipa que, en 2026, el ajuste podría continuar de manera gradual, siempre que el crédito mantenga su expansión.

El volumen de escrituras alcanzó niveles que no se veían en años, situándose cerca de los promedios históricos más altos. El regreso del crédito hipotecario fue determinante: las operaciones con hipoteca crecieron con fuerza y permitieron ampliar el universo de compradores, quienes accedieron a unidades de mayor valor o superficie. Superar ciertos umbrales de actos mensuales constituye un hito que refleja cómo la vivienda volvió a ser percibida como un resguardo patrimonial de largo plazo por efecto del financiamiento y la previsibilidad.

Si el usado tuvo un buen año, la construcción fue el segmento más desafiante. El fuerte incremento de los costos redujo márgenes y obligó a replantear lanzamientos; los costos se estabilizaron recién en los últimos meses tras subas importantes. El mercado dejó atrás la parálisis, pero todavía no logró trasladar plenamente los nuevos niveles de costos a precios de venta. El segmento premium siguió validando valores altos en zonas consolidadas, pero el mercado tradicional mostró mayor resistencia.

En ese contexto, la tierra volvió a posicionarse como el activo más codiciado. Con márgenes ajustados y obras más selectivas, muchos desarrolladores concentraron sus apuestas en la compra de suelo estratégico, anticipándose a un escenario de recuperación futura y escasez de lotes bien ubicados. Un 2026 con estabilidad macro debería generar buenas condiciones para la inversión en ladrillos. El sector está trabajando puertas adentro en productividad y eficiencia para que los costos dejen de ser un obstáculo.

Donde el balance es claramente positivo es en el mercado de alquileres. Con mayor previsibilidad normativa y mejores rentabilidades, el segmento cerró el año con una oferta recompuesta y valores que comenzaron a ajustar de manera más ordenada. De cara a 2026, se anticipa un escenario bisagra donde la combinación de estabilidad económica y desaceleración inflacionaria podría permitir que los bancos lancen líneas de crédito con mayor profundidad, aliviando la presión sobre los alquileres al convertir a inquilinos en propietarios.

El Real Estate llegó al cierre de 2025 con más certezas que dudas. Sin embargo, 2026 no promete ser un año explosivo, sino decisivo. Crédito, costos y confianza serán las variables que marcarán el ritmo. El desafío ahora es que la recuperación sea sostenible y alcance a más segmentos. Si el crédito se consolida y los costos se normalizan, el sector podría entrar en una nueva etapa de crecimiento más amplio.

Fuente: Ámbito 

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