
El futuro inmobiliario: cómo la inteligencia artificial está transformando el negocio y la relación con el cliente
MERCADOiLas aplicaciones de inteligencia artificial (IA) permiten mejorar fotografías, eliminar imperfecciones, generar amoblamientos virtuales, redactar descripciones optimizadas para buscadores, traducir publicaciones a distintos idiomas e incluso responder consultas frecuentes durante las 24 horas.

Lo que hace apenas dos años parecía reservado para las grandes empresas tecnológicas hoy forma parte del trabajo diario de corredores, desarrolladores y agentes, que recurren a estas plataformas para redactar avisos, mejorar fotografías, responder consultas, analizar tendencias y ofrecer propiedades con mayor precisión.
El cambio no pasa únicamente por ahorrar tiempo. La IA también modifica la forma en que compradores e inquilinos buscan una vivienda. Las consultas son cada vez más específicas y las plataformas aprenden a interpretar preferencias, presupuesto, ubicación y estilo de vida para ofrecer resultados mucho más ajustados que los filtros tradicionales.
En ese escenario, las inmobiliarias también revisan su estrategia comercial. Ya no alcanza con publicar una propiedad en un portal. La calidad de las imágenes, la descripción del inmueble, la rapidez de respuesta y la personalización del contacto pasan a ser factores decisivos para captar clientes y concretar operaciones.
Además, estas herramientas analizan grandes volúmenes de información para detectar tendencias de precios, identificar las zonas con mayor demanda y segmentar campañas de marketing con mucha más precisión. El resultado es una comunicación más eficiente y una oferta que se ajusta mejor al perfil de cada cliente.
En ese escenario, Rocío Abrevaya, ingeniera y fundadora de inmo.ia, explicó que la inteligencia artificial dejó de ser un diferencial para convertirse en una herramienta de trabajo cotidiana dentro del sector. "La inteligencia artificial dejó de ser una novedad para convertirse en una herramienta de uso diario. Permite ahorrar mucho tiempo en tareas repetitivas, mejorar la calidad de las publicaciones y ordenar grandes volúmenes de información, pero siempre necesita supervisión humana. La tecnología acelera procesos; el criterio profesional sigue siendo irremplazable", afirmó.
Para Abrevaya, uno de los principales aportes pasa por optimizar las búsquedas, mejorar la presentación de los inmuebles, automatizar tareas administrativas y facilitar la generación de contenidos, aunque advirtió que el conocimiento del corredor continúa siendo decisivo.
"Uno de los errores más frecuentes es confiar ciegamente en lo que genera la inteligencia artificial. Puede redactar un excelente aviso o ayudar a encontrar patrones de búsqueda, pero cuando se trata de valores, aspectos legales o decisiones comerciales siempre tiene que intervenir un profesional que valide esa información. La IA potencia el trabajo del corredor, no lo reemplaza", señaló.
La ingeniera agregó que las empresas que incorporen estas herramientas tendrán una ventaja competitiva, aunque el verdadero diferencial seguirá siendo la capacidad de interpretar las necesidades de cada cliente. "Las inmobiliarias que incorporen inteligencia artificial van a trabajar con más velocidad, ofrecerán una mejor experiencia al cliente y podrán personalizar mucho más cada búsqueda. Pero la diferencia seguirá estando en quién interpreta correctamente las necesidades de las personas y transforma esos datos en una recomendación acertada", agregó.
Para Elena Dresch, de la inmobiliaria Dresch, la inteligencia artificial y las herramientas inmersivas modifican la manera de presentar una propiedad, aunque todavía no reemplazan la visita presencial. En especial en el segmento premium, donde factores como las vistas, la luminosidad, la orientación o las sensaciones que transmite un edificio continúan siendo determinantes al momento de tomar una decisión.
"La tecnología no reemplaza la visita, pero la transforma. Un recorrido 360°, un video bien producido o una videollamada permiten que el cliente llegue mucho más decidido porque ya sabe si la propiedad responde a lo que busca. Eso nos ahorra tiempo a todos", comentó.
Dresch explicó que, en lugar de coordinar varias visitas presenciales, hoy muchas consultas comienzan en la oficina, donde los compradores recorren de manera virtual distintas alternativas antes de elegir cuáles conocer personalmente. "En una hora podemos mostrar cinco propiedades con todo su contenido digital y el cliente filtra rápidamente cuáles realmente le interesan", señaló.
La ejecutiva recordó, además, el caso de un inversor del sur del país que reservó una propiedad en Puerto Madero sin viajar a Buenos Aires. A través de una videollamada recorrió el barrio, el edificio y cada ambiente del departamento, incluso verificó detalles como la presión del agua y el estado de las instalaciones. La operación se concretó con un importante ahorro de tiempo y costos de traslado.
No obstante, aclaró que la experiencia cambia según el perfil del comprador. Mientras los inversores priorizan rentabilidad, ubicación y proyección de valor, quienes buscan una vivienda para vivir necesitan recorrer el inmueble, imaginar su vida cotidiana en ese espacio y conocer personalmente el entorno.
Dresch también destacó que la transformación tecnológica modificó la estructura de las inmobiliarias. "Hoy ya no alcanza con ser un intermediario. Las empresas tienen que trabajar con estrategia, analizar datos de manera permanente, incorporar nuevas herramientas y formar equipos preparados para ofrecer un asesoramiento cada vez más profesional", concluyó.
La inversión para incorporar inteligencia artificial en una inmobiliaria depende del tamaño de la empresa y del nivel de automatización que busque. Para una oficina pequeña, con herramientas que permiten gestionar consultas, generar publicaciones, mejorar fotografías, responder por WhatsApp y organizar clientes mediante un CRM, los costos parten de $80.000 a $200.000 mensuales, mientras que una inmobiliaria mediana con varias licencias, integraciones y automatizaciones suele invertir entre $250.000 y $600.000 por mes.
Si, además, la empresa desarrolla asistentes de inteligencia artificial propios, integra sus sistemas internos, automatiza procesos comerciales y entrena modelos sobre su propia base de propiedades, la inversión inicial puede superar los 2 millones, e incluso ubicarse entre us1.500 y u$s5.000 para proyectos a medida, a lo que se suman costos mensuales de mantenimiento, licencias y consumo de modelos de IA. En el sector coinciden en que el mayor desafío ya no es el precio de la tecnología, sino la capacidad de adaptar los procesos de trabajo y capacitar a los equipos para aprovechar todo su potencial.
Facundo Orestes, de Facundo Orestes Vivas Real Estate, sostuvo que la incorporación de inteligencia artificial forma parte de un proceso más amplio de profesionalización de la actividad. Según explicó, la incorporación de manuales de procesos, áreas especializadas y nuevas herramientas permitió mejorar la eficiencia de toda la organización sin perder el valor del vínculo humano.
Afirmó: "La inteligencia artificial no le va a sacar el trabajo a la gente en el mercado inmobiliario. Lo que sí va a pasar es que quien la incorpore tendrá una ventaja sobre quien decida seguir trabajando como hace diez años". Para el empresario, el negocio inmobiliario mantiene un fuerte componente relacional que ninguna plataforma puede reemplazar. Dijo: "Nuestro trabajo es ciento por ciento relacional. El cara a cara con el vendedor y el comprador, la confianza y el acompañamiento durante toda la operación siguen siendo irremplazables".
Orestes también remarcó que la tecnología ya tiene un impacto concreto sobre la eficiencia comercial. En su empresa, la implementación de asistentes con inteligencia artificial desde el primer contacto con el cliente permitió calificar mejor las consultas, conocer el presupuesto, las zonas de interés y el tipo de propiedad buscada antes de la primera visita. "Ese trabajo previo nos permitió reducir prácticamente a la mitad la cantidad de visitas necesarias para vender una propiedad. Antes necesitábamos entre ocho y doce muestras; hoy el promedio bajó a cuatro. La información llega mejor organizada y el cliente toma decisiones con más elementos", concluyó.
Fuente: Ámbito


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