
Excelencia Inmobiliaria: El Secreto Japonés Detrás de la Arquitectura Duradera
MERCADOiA la hora de diseñar, los arquitectos deben preocuparse por crear productos de buena calidad, que incluyan desde una atención meticulosa de la morfología hasta una selección estratégica de la materialidad.

Si bien la morfología es una cuestión estética, la arquitectura se inscribe como una rama más de las artes visuales. En definitiva, la obra debe ser bella, tener una composición morfológica fina y una proporción ajustada entre sus distintos componentes.
La elección adecuada de materiales garantiza un envejecimiento digno. Proyectamos y construimos edificios que deben durar muchos años y no pueden deteriorarse prematuramente por errores en la toma de decisiones.
Tener en cuenta todos los detalles
En el caso del arquitecto desarrollador, todo esto está enmarcado en una actividad en la que somos responsables del edificio que va a formar parte de la ciudad “para siempre”, por lo que deben estar muy estudiados todos los aspectos sin que se pierda algún detalle. Al mismo tiempo, es importante que el emprendimiento sea económicamente sustentable y ajustarse a la normativa vigente.
En la práctica profesional los arquitectos afrontamos un gran desafío ante la obra que vamos a entregar, gestionando la tensión necesaria entre producto, costo y plazo para lograr un buen resultado. Aquí surge la posibilidad de optar por el camino de la mejora constante.
A este método los japoneses lo llaman Kaizen, la cultura de perfeccionamiento continuo. Kai significa cambio/corrección y Zen, bueno/virtuoso. Su traducción es “cambiar para mejor”.
En definitiva, quienes desarrollamos arquitectura residencial entendemos que se trata de una profesión de servicio. El faro es el bienestar de quienes van a habitar los espacios que pensamos, proyectamos, construimos y, finalmente, comercializamos.
Sistema constructivo más eficiente
Cada obra siempre deja un aprendizaje: un sistema constructivo más eficiente, una solución de fachada más duradera, un layout que funciona mejor. Ese conocimiento acumulado no puede ni debe perderse, tiene que incorporarse al siguiente proyecto y elevar el estándar.
Esta actitud trasciende una obra puntual y define una manera de ejercer la profesión, donde la calidad no es un resultado eventual sino un punto de llegada y, a la vez, un nuevo punto de partida.
Implica una revisión constante y un profundo compromiso con hacer cada vez mejor el trabajo y todo aquello que está bajo nuestra responsabilidad. Por eso el método Kaizen es más que una decisión metodológica: es una forma de vida.
Fuente: Clarín


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